Mi viaje a lisboa Un día, decidí que ya era hora de hacer ese viaje a Lisboa que siempre había soñado. Así que, después de un tren a Sevilla y un autobús hasta Portugal, llegué a la ciudad. Desde el primer momento, me quedé maravillada con sus calles empedradas y las casas de colores, sobre todo en Alfama, el barrio más antiguo. Pasé el día visitando el Castillo de San Jorge, con vistas increíbles del río Tajo, y caminé por los miradores, disfrutando del atardecer. También estuve en el barrio de Baixa, con sus plazas amplias, y probé los pasteles de nata en Belém, que estaban buenisimos. Lo que más me sorprendió fue la gente. En cada rincón, alguien me explicaba algo sobre la ciudad, como los azulejos tradicionales o el fado, y me sentí tan bien acogido que, por un momento, olvidé que estaba lejos de casa. Cuando llegó el momento de volver, sabía que Lisboa me había dejado una huella que llevaría conmigo siempre.